Museo de Arqueología

Empezaron de a poco.- Llamados por la curiosidad, por el amor al conocimiento, por la vocación de saber más del pasado.- Seguramente cada uno por su lado.- Luego intercambiaron experiencias, se empezaron a reunir, a ayudar a darse mutuamente lo que sabían y lo que tenían.- Aprendieron.- Salieron a los campos y a los montes; tienen que haber cometido sus errores.- Volvieron a empezar.- Siempre con una tímida alegría, con una serena convicción de que hacían algo valioso, positivo, sin molestar a nadie, sin pedir nada.- Y deben haber enfrentado la indiferencia y la ignorancia sin descomponerse, ni enojarse.- Se asociaron, decidieron formar colecciones de todos, aumentaron sus expediciones.- Cavaron, desenterraron, limpiaron, restauraron, ordenaron, se instalaron y debieron encajonar, trasladarse, quedarse medio arrinconados.- No renunciaron, consiguieron nuevos adeptos, sangre joven.- Una y otra vez explicaron que ya tenían lo suficiente para enseñar y enseñaron.-
Fueron a escuelas y liceos, montaron muestras.- Siempre con mínimos medios, siempre poniendo más de su propio interior que dinero o instrumentales.- Paso a paso, como se aconseja, se fueron introduciendo en las ciencias, más que aficionados, fueron expertos, sin perder la modestia y bonhomía.- Y alguna vez convencieron a alguien de que estos cuarenta, cincuenta años o más, dedicados a las ciencias naturales, a la arqueología, merecían un destino, valían la pena.- Como casi siempre nadie es profeta en su tierra, tuvo que ocurrir Salto Grande y la Misión de la UNESCO, para que otros se convencieran de las valiosísimas piezas del pasado que existían en estos enterraderos.- Tampoco fue fácil, pero fue mejor el último trayecto y hoy los amigos de la Arqueología, podrán tener la inmensa y justificada emoción de exhibir su Museo , provisoriamente, pero ya nunca más precariamente.- Este es un hecho definitivo: Salto tiene un museo Arqueológico y de Ciencias Naturales.- Se lo debemos a ellos, a esos vecinos que desde hace tanto hicieron su tarea con amor y humildad elogiables, a esa gente que con tanto respeto, pero con inmenso cariño llamaremos los "juntapiedras".- En cierto sentido, duros como la piedra, su paciencia y tenacidad, han triunfado,- Su anhelo, su ilusión, es hoy un jalón más de la cultura local y ¿por qué no? nacional.-
 
Nosotros queremos rendirles el tributo de nuestro testimonio: los hemos acompañado desde hace casi treinta años porque siempre los vimos llegar a nuestra redacción o pedirnos una nota en su casa con el mismo talante y la misma fuerza interior que tiene, quien sabe que hace lo debido.- Dejamos constancia de que lo hicieron por sí mismo y que si ahora hay ayudas, más que elogiables también, no hacen más que reconocer un trabajo ímprobo, inmedible y que ahora podrá ser apreciado por nosotros y nuestras próximas generaciones y por los visitantes.-
 
El Museo Arqueológico es una demostración de lo que puede el hombre, como puede vencer el tiempo, la omisión, la indiferencia y la ignorancia, sin necesidad de ira ni de garrote.-
Esta gente son como aquel Galileo, porfiado en su e pur si muove.- Si señores, Salto tiene este museo, porque ellos no cedieron nunca.- No queremos hacer nombres, porque alguno incluso ya no está, pero todo Salto los conoce.- Son gente como nosotros, no son supersabios, ni alocados extraños, son aquellos que además de sus labores habituales, creyeron que era importante descubrirle los secretos al tiempo y mostrar lo que fue nuestra evolución histórica y humana.-
 
A ese admirable tesón, a esa paciencia y esa fuerza interior se deben las grandes y permanentes conquistas de la humanidad.- En estos queridos "juntapiedras", testimoniamos nuestra admiración y destacamos su ejemplo..- Si para todo, si todos los hombres empeñaran la acción de esta forma, muchas cosas notables se verían en nuestra comarca y en el mundo.-
Son dignos de imitación…
 
 
Editorial de Diario "El Pueblo" del Domingo 19 de Marzo de 1989.-
 
 

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